Pura Isabella Fermín
“¡Bienvenido, aquí está su horario!” Cada vez que un año académico comienza lo primero que llega a nuestras manos es una tablita con los nombres de las clases con su respectiva hora de inicio y conclusión. Con este papel de valor invaluable en mano sabemos que al menos unas cuantas horas del día estarán bien invertidas. Lo cierto es que, a medida que pasan los años, sentimos que las semanas se escurren como agua entre los dedos. Ya no basta improvisar; se hace necesario que planifiquemos nuestro tiempo.
Desde hace siglos han surgido experimentos y películas que plantean la posibilidad de regresar en el tiempo. Aunque el tema para muchos parezca innecesario o incluso ridículo tiene una razón de ser: ¡Todos de alguna manera hemos deseado dar marcha atrás! Y este anhelo no sólo se nos ocurre ante cosas grandes sino también frente a las pequeñas como: el cumpleaños de un amigo que olvidamos felicitar, el segundo antes del choque, ese otro pensamiento en voz alta… Pese a ello, nos enfrentamos a una verdad ineludible, y es que la máquina del tiempo todavía no existe. Por eso, debemos encontrar la estrategia idónea para hacer que nuestras horas sean empleadas de la mejor manera.
El primer reto que debemos superar para lograr esta misión imposible es darnos cuenta de que el tiempo es valioso, por lo tanto, no da lo mismo perderlo. Un autor contemporáneo escribía que “el tiempo es el oro con que contamos para comprar el cielo”. Desde esta perspectiva valen la pena los minutos que estás invirtiendo para leer este artículo… ¡Felicitaciones por eso!