Por María Fernanda Tejeda
Gravity, la última película del director mexicano Alfonso Cuarón, narra los problemas sufridos por un equipo de astronautas que intentan llevar a cabo una reparación de rutina en el telescopio Hubble, ubicado en el espacio. Para la doctora Ryan, la protagonista, dicho viaje espacial se convierte en una oportunidad para volver a nacer. Le pasa de todo, desde presenciar un ataque de basura espacial proveniente de un satélite que se desintegra, hasta quedar completamente sola sin comunicación alguna en medio de la nada, teniendo que hacer todo tipo de maniobras, mientras resuelve el conflicto interior entre seguir luchando por su vida o resignarse a morir en el espacio. Curiosamente Ryan, cuya vida había perdido sentido desde la muerte de su hija a causa de un incidente menor, al verse sometida a tanta adversidad y estar resignada a morir, se da cuenta de lo maravillosa que la vida y de cómo está en uno mismo decidir dar su mejor esfuerzo y vivir el momento presente sin limitaciones.
A lo largo de toda la película se crea una atmósfera de suspense, de tensión y de misterio hacia lo que está por suceder en la siguiente secuencia. La cinta está acompañada de efectos sonoros que permiten atrapar al espectador y hacerlo sentir que forma parte de lo que está sucediendo en pantalla. Los efectos visuales son también espectaculares; las imágenes que simulan la tierra vista desde el espacio están perfectamente diseñadas y, por ello, son realmente impactantes. La producción, además de drama y suspenso, también está acompañada de simplicidad y buen humor, prueba de esto está en el personaje de Matt, interpretado por George Clooney, quien ve la vida de manera simple, chistosa y sin inhibiciones.

